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El otro...grito.

Posted on 21:48 by Hugo Triano Gomez | 0 comentarios

Flor de Líz Pérez Morales. 


Los políticos de mi país y de Tabasco no aprenden, parece que la historia no les dice nada, no saben leer, no disciernen entre lo que incomoda y lo que está mal; reaccionan amañados como siempre, aletargando los momentos, como si con eso atenuaran la crisis que los tiene donde están. 
Acaba de pasar un hecho histórico que celebra en palabras la vida de nuestro país; la Independencia, acontecimiento que si bien nos da la excusa para valorar esa simiente que hoy nos explica en su ordenamiento social, también nos sitúa en el desordenamiento del mismo. Ahí escondido en ello está uno de sus nudos, uno que ha recorrido su propia génesis; ese que intentan sumergir como algo que no gusta pero que a la hora de hurgar expulsa lo patético de la crisis; eso que aún cuando nos viste en la civilidad, nos desnuda en la barbarie; eso que muchos conocemos, pero pocos tienen el atrevimiento de colocar en su medida: la justicia. 
Los políticos nos han vendido la palabra, la han adjetivado, la dan como un sustantivo que nos cobija en la legitimidad de su concepto. Llevan como bandera la institucionalidad de las leyes, pero no la han verbalizado en sus propios actos. Resulta que a la hora de la hora, en la vivencia de los reclamos, la esconden en sus principios, la corrompen, la desnudan en su antítesis.  
¡Qué importa la justicia! No valen los abusos, la podredumbre, lo que se esconde, lo que apesta, porque no saben que están ahogando los gritos de auxilio que les piden su honorabilidad y respeto; se asustan de las movilizaciones cuando en el trasfondo mucho es el resultado de las complicidades en las injusticias.  
Aún así, en su nombre se levantan las banderas de los partidos políticos, de los funcionarios, de las promesas, de todo lo que se pueda colocar como claridadesDan lástima las instituciones y los sujetos que creen que en sus mentiras están sus verdades.  Es curioso, en la justicia de estos políticos no se encuentran las leyes, solo las acusaciones. Lo grave es cuando de ellos emergen los héroes. 
Hay un problema de fondo Ahí al frente de las normas, están los hombres y mujeres que se ciegan, que no escuchan cuando su gente les habla en la desesperación, que agonizan en sus silencios. Muchos de estos políticos creen que evadiendo el asunto desanudaron la crisis. La realidad no es así, solamente que son incapaces de ver que agudizaron lo lamentable. Por eso no cualquiera puede ser un verdadero hombre político. De esos otros están llenos los escritorios. 
Las injusticias ocurren en todos lados, en todos los marcos sociales. Ocurre en los Congresos, en los ayuntamientos, en las instancias de gobierno, en órganos dependientes o independientes, en la salud, en las escuelas, en la educación, pero lo más grave es que ocurra en las universidades, en la UJAT, el lugar de estudio de la Justicia; en nuestra propia casa, en esa  que nos validaba su principio de honorabilidad y  respetabilidad.

La otra cara del oficio periodístico.

Posted on 12:34 by Hugo Triano Gomez | 0 comentarios


Flor de Líz Pérez Morales.


En los últimos días se han revelado algunos eventos que dejan al descubierto los sinsabores de la práctica periodística en México y Tabasco. Por un lado, la manifestación de la sociedad civil, entre ellas la realizada por estudiantes de periodismo en el marco de la "jornada nacional contra agresiones a periodistas", en referencia al aniversario luctuoso de Regina Martínez, trabajadora de la revista Proceso. Por otro, el fallecimiento de Ricardo Astacio Velásquez, que si bien no sucumbió propiamente en el ejercicio periodístico, fue bien sabido que la profesión no le brindó condiciones mínimas, dignas y legales que le dieran una calidad de vida, por el contrario, la última empresa en la que trabajó con motivo de su enfermedad propició su despido.
Sólo estos dos casos ilustran en mucho las condiciones de una profesión que se coloca en la discusión de sí misma. 
Acusada en mucho tiempo de mercenaria, de acrítica, de tener un vínculo que hace evidente su "maridaje" con el poder, y de su franca desventaja en la pista del análisis tecnológico, tampoco puede dejarse de advertir la otra cara de la moneda. Esa donde la práctica no goza de garantías legales y económicas que legitimen la profesión en su valía social y ética; por el contrario la carencia de ello conducen y posibilitan justamente lo primero.
La historia del periodismo en Tabasco ha dado ejemplos de figuras cuyas vidas han terminado en condiciones de pobreza y exclusión social. La profesión utópica en su naturaleza humana, ungida en su filosofía como disruptiva de su propio devenir social, que principia entre sus rasgos el beneficio social, hoy emana sus propios sinsabores y desafíos de sobrevivencia.
Dos ventanas al futuro se abren justamente en esa emergencia; primero convencer a un lector social – análogo y digital-, que la profesión aún en las adversidades puede ser confiable en sus principios humanos, es decir, convencerlos que aún quedan gratamente ejemplos de periodistas que llevan como escudo la fiabilidad, responsabilidad y honorabilidad del oficio. Pero también queda una acción mucho más válida, la de formar a los futuros periodistas en ese horizonte de la práctica que en mucho tiene su identidad quijotesca. Esta quizás sea la tarea más dura.
Sobre el tema, platicaba con Cecilia Vargas Simón, periodista tabasqueña, guerrera de batallas cotidianas y portavoz de los sueños de los marginados, sobre esa tarea de enseñar a los estudiantes de periodismo a creer en los méritos de una profesión cuando la realidad nos muestra que no hay grandes ejemplos por mostrar.
La situación del periodista tabasqueño confluye necesariamente en reflexiones urgentes que ponen en evidencia, entre muchas otras, las condiciones adversas y riesgosas por las que camina la vida de un periodista, pero que ante todo demanda políticas emergentes que hagan propicia la normatividad de defensa y protección de quienes realizan este oficio.
Ahora mismo el periodismo se coloca en líneas inciertas, las mismas que en el marco de las instituciones políticas y empresariales a muy poco importa. La "ley de protección a periodistas" sólo se pone en juego cuando por ocurrencia se desea salir del paso.

Frente a lo anterior, y en defensa del oficio, es necesario realizar discusiones plenas, razonadas, de quienes deben mirar la intimidad de su propio presente. De la experiencia sale la lógica, y ésta es muy definida. La seguridad del periodista no está en manos de los otros, sino en manos propias. Sí remiramos la historia, lo que venga para el futuro estará marcado por sus propios actores: Los periodistas.

De pendientes, donantes y traficantes… de vida.

Posted on 7:25 by Hugo Triano Gomez | 0 comentarios

Hugo Triano Gómez.



Por definición, donar es un acto benévolo. Es desprenderse de algo para ofrecerlo a alguien. Más ampliamente, la donación de órganos constituye una actuación íntima, que casi raya en la espiritualidad, si se piensa en que puede ser relacionada con el amor al prójimo.
Ahora que recién se conmemoró el día mundial de tan específica donación, destaca el esfuerzo internacional por hacer de la práctica una cultura, aunque también las asignaturas pendientes por subsanar, que enfrentan países como México, para pensar en la efectividad de la medida.
En primer lugar es de reconocerse que aún en el grueso de la población mexicana suele aparecer la corriente más conservadora -e irónica- de la sobrevivencia humana que impide a alguien disponer de un cuerpo que teóricamente no le pertenece, vinculada también a corrientes de fe. Superado ese escollo -sui géneris- los obstáculos se tornan obviamente…"terrenales".
Sin menoscabo de otras variables, incluida la siempre referida "falta de información", la corrupción parece ser la condicionante más peligrosa a la que se enfrenta la cultura de la donación en la nación Mexicana. De broma en broma, es seguro que nadie desea terminar -aún muerto- y gracias a la "viveza de alguien", en manos y en fines equivocados.
¿Cuántos podrían negar ahora mismo, que la posibilidad de ser objeto del tráfico de órganos es ajeno a la decisión de convertirse en donante? Quizás así pueda explicarse que en los países de primer mundo, cuesta menos trabajo involucrar a las sociedades en la dinámica de "regalar vida" o "mejores condiciones" a otra persona, cuando uno ya no puede disfrutar de ellas.
No es casualidad pues que en esos países se tenga una ventaja considerable, sobre los de tercer mundo, en lo que a número de donadores dispuestos se refiere.
En México el problema se recrudece cuando los datos de las averiguaciones iniciadas por el flagelo, se ocultan reduciendo a "leyenda urbana" los gravísimos incidentes, así sean solo cinco los presuntamente perpetrados en los últimos cinco años. Al tenor del derecho a saber, la PGR ha sido reiterativa descartando que la práctica se de en el país. La intervención del IFAI a lo mucho, le ha llevado a reportar el inicio de las cinco pesquisas comentadas, aunque sin ningún culpable. 
La falta de claridad respecto al área que tiene que atender el asunto tampoco favorece la cultura de la donación en los exigentes, pues si bien la ley general de salud -la federal- define y sanciona el tráfico de órganos, la PGR cuenta -según información pública- con varias instancias competentes para el caso, lo que posibilita "que alguna omita información", peor aún, resultados.
¿Cuántos mexicanos conocen la existencia de la UEITMO, la Unidad Especializada en Investigación de Tráfico de Menores, Indocumentados y Órganos? ¿Que la PGR cuente con más unidades competentes amén de las delegaciones, no significa más una desventaja que algo a favor? ¿Cómo medir la interacción eficaz de la Unidad Especializada y las Direcciones generales de Análisis Táctico, de Control de Averiguaciones Previas, de Control de Procesos Penales Federales y otras?
El asunto se complicó ya cuando la misma PGR advirtió la dificultad de la venta clandestina de órganos y minimiza su realización, por el solo hecho de que "implicaría contar con una organización bien estructurada con capacidad de mantener tecnología médica de punta y personal capacitado", como si el dinero y la perversidad no se tomaran trágicamente de la mano.
¿Cómo garantizar entonces que un donante satisfaga su deseo de contribuir a la preservación de la especie, si el tráfico de órganos está "condenado" en el país, pero las penalizaciones lucen ligeras?¿Acaso bastan 8 años de prisión como pena máxima para quien se dedique a alguna modalidad de la rapiña humana? ¿Habrá que esperar a que la autoridad federal "avale" la existencia de chacales para pensar en una revisión de la ley? ¿Por qué siempre el indefenso tiene que ser atendido hasta sufrir las consecuencias?
Cierto es que llegar a la pena de muerte con quien trafique órganos y con quien pierda el respeto por la vida humana, a algunos parecerá excesivo. ¿Parecería descabellado sin embargo, trabajar en la conciencia de los "peores grupos criminales" detenidos para ofrecerles al final de su existir una alternativa? Viéndolo con fe, convertirlos en donadores sería su oportunidad para resarcir algo del daño -grande o pequeño- que hayan causado. Casi casi como dar vida. . . al morir.

Ojos que miran, corazón que grita.

Posted on 7:30 by Hugo Triano Gomez | 0 comentarios




Flor de Líz Pérez Morales. 



Me lo dijo Cintli. Dijo que no estaba asustada pero por si las dudas mejor hacía preguntas e investigaba, pues la habían amenazado por manifestarse. Alguien la había grabado porque cargaba a su hijo en la marcha y le enseñaba que los que aman este país luchan por él. 
Pocos conocerán a esta mujer, una joven que diariamente acude a la universidad, que sentada en el piso consulta su computadora o tiene un texto en la mano, que llega tarde y corriendo a una clase porque su hijo le demandó un poco más de tiempo, que su marido está con ella en los sinsabores y que como joven le ha tocado romper sus propios paradigmas sociales y políticos,  incluso familiares.
Ella representa esa casta de jóvenes que un día se dio cuenta que les habíamos entregado un país desvencijado y se empeñó en hacerlo diferente. Ella, igual que muchos universitarios se amarra en la espalda la ideología y sale a gritarla a la calle. Seguro esta chica no se mira a sí misma, sino a un hijo que le empuña en su mano la esperanza. Esta chica es de otra estirpe, de esa a la que le estamos negando la oportunidad de tener y ser algo mejor, pero ella se empeña en ir en sentido contrario.
Es verdad, parece que amedrentar es el mecanismo más perverso para silenciar a la gente. Pareciera que en este país lo saludable para una política de estado es obligar al ciudadano a guardar silencio, sin saber que un pueblo que a la fuerza es callado emerge con sus rencores en la violencia. Pero no se trata sólo de callar, sino de lo que el mutismo guarda.
En lo oculto está eso que muchos estudiosos entienden como descomposición social, pérdida de pertenencia social, ausencia de civilidad, o lo más grave, lo que bien nombraba Ernesto Sábato, la deshumanización. En realidad hemos caminado mucho para hacer de este país una fábrica de pobres, una sociedad de carencias, una comunidad sin oportunidades, un pueblo sin posibilidad de vivir tranquilos.
Lo que muchos jóvenes están mirando silenciosamente son las debilidades educativas, la falta de empleo, los problemas de inflación, la inseguridad, el espejismo político, la desconfianza en las instituciones, el porvenir sin remedio. 
Lo jóvenes lo palpan, con profesores que no les cumplen, con tareas sin sentido, con purgas de corrupción y acoso, con amigos  aterrados, con inercias administrativas; en resumidas cuentas con el cinismo académico.
Lo viven en su casa y el trabajo, con la pareja o padres desempleados, con la renta sin pagar, con el miedo al robo y a la violencia cotidiana; quizás lo entienden con la inseguridad a cuestas que les pesa todos los días.
A estos jóvenes de hoy nada los puede hacer creer en las instituciones partidistas, de salud o de justicia. Difícilmente los hacen confiar, porque nunca les han rendido cuentas de su función social, no hay más cuenta que la diaria corrupción.
No nos extrañe pues que ahora los síntomas sean evidentes. Ahora mismo el miedo, la incertidumbre, la angustia social se anuncia en la plana de los diarios locales como un espectáculo llamativo, esos mismos medios de comunicación que hacen un símil casi de ficción cuando  acusan   y colocan en el mismo lugar a los asesinos de Tacotalpa, que a los manifestantes del “Yo Soy 132”. “Violentos”, les dicen a estos últimos porque se dejan escuchar, pero son los mismos medios que callan cuando  los asesinos o violentos tienen otra investidura.
Cuando uno observa a Cintli y  revira a los miedos de Tacotalpa entiende porque esta chica lucha, porque se empeña en que seamos diferentes, porque se le borra el miedo del rostro y lo alza  trazando un camino esperanzador. Esta joven no quiere ofrecerle a su hijo más aprensiones, estas carencias y este desencanto. Ella simplemente cree que el mundo puede ser mejor para todos. Casi descabellado… por eso la grabaron.

Simplemente amistad.

Posted on 14:38 by Hugo Triano Gomez | 0 comentarios

Iván Triano Gómez


La amistad es sin dudas el valor con mayor relevancia en la vida humana.
Gracias a ella, grandes hazañas han sido posibles. La convergencia de inquietudes e ideales que da forma a la solidaridad entre iguales o desiguales, no es más que la expresión superlativa de la amistad.
Tan sublime resulta la amistad, que Aristóteles le dedicó tiempo en particular en sus amplios y profundos estudios.
¿La razón?, por constituir para él, el verdadero y único valor al que debe aspirar el humano. Regalo de los dioses y virtud del hombre que la ejerce.
Fue en su ética Nicomáquea, en donde el maestro helénico plasmó su pensar en torno a la amistad. Interés, placer y bondad, son los elementos que permiten medir o distinguir entre una amistad valiosa o no.
Quien ofrece o recibe una amistad exclusivamente por interés, no puede esperar que la misma trascienda o perdure. El interés la limita en automático, pues obtenido o no aquél, no habrá razón para continuar con la ficticia relación de amistad.
La amistad cuyo eje se limita al placer, tampoco será perdurable, afirma el maestro griego; la razón obedece al carácter transitorio de los bienes que ofrecen aquél, además de la factibilidad de que cualquier otro pueda ofrecer el mismo o similar placer.
En este último caso, placer e interés convergen. Así, al surgir el desinterés por el placer hasta entonces recibido, la razón para continuar con la relación de amistad es insostenible.
Es entonces sólo en la relación cuyo eje es la bondad, en donde puede surgir una verídica amistad.
En efecto, sólo quien observa bondadosamente a su amigo, puede comprender incluso en una situación entre desiguales, al menos favorecido de los amigos -trátese de desigualdad material o espiritual-. El amigo bondadoso comprende al otro sin lastimarlo, sin obtener provecho, por el contrario lo guía, lo vigila, lo apadrina.
La amistad es pues, la renuncia al yo, por el nosotros. Es dar antes que recibir, incluso -y sin exagerar- la vida misma.
La historia de las guerras sufridas por la humanidad ejemplifica lo antes afirmado. Durante las contiendas bélicas, es cuando principalmente florece -irónicamente- esa tipología de amistad: la verídica, la basada en la bondad.
El guerrero encuentra placer en cada día que permanece vivo y, para ello, requiere de solidaridad con el compañero de batalla.
El padre de familia que educa al hijo, representa un ejemplo más.
El padre halla placer e interés en formar a sus vástagos, con independencia de los resultados. Durante tal proceso sólo lo mueve la bondad; de ahí que, cualquier hijo jamás podrá reclamar al padre nada, por el contrario quien debe y no poca cosa, es él.
Luego, cuando la amistad se funda en la bondad, es factible obtener tanto placer, como compartir intereses con el amigo, ya sea que corresponda guiar o ser guiado, enseñar o ser enseñado, apoyar o ser ayudado, ser ejemplo o seguir al ejemplo.
Después del pensador helénico, un hombre sencillo pero grandioso a la vez, de nombre Jesús afirmó que no existe mejor amor que el de un amigo, pues el verdadero amigo tiene disponibilidad de entregar incluso la vida por quien ama: evidente alusión a la amistad basada en la bondad.
Vaya entonces a todos mis amigos bondadosos, del ayer y del hoy, presentes y omnipresentes, un gran abrazo y fraternal saludo, con el sincero agradecimiento por los momentos que me han podido dedicar y con los cuales han ido construyendo mi existencia.
Especial mención y agradecimiento para mis primeros amigos: El creador, mis padres terrenales, a mi querido hermano y por supuesto a Nicolás e Iván Adolfo mis más recientes amigos; nunca los olvido.
Religión, Independencia y Unión.

Mortis.

Posted on 9:42 by Hugo Triano Gomez | 0 comentarios

Hugo Triano Gómez.





Decirlo así, no es fácil: Vivir es comenzar a morir.

Morir, es si acaso una de las pocas “cosas” en las que –en verdad- la humanidad coincide. Una a la que nadie puede negársele en el momento en que reclame atención. Si bien ha cesado en su intento de perpetuar la existencia, el hombre coqueteará siempre con la idea de pretender imponerse a uno de los más grandes misterios de la vida.

Pensar en la muerte decíamos, sin duda es complicado. Más si se acepta, que no sabe uno cómo, cuándo, dónde, ni por qué llegará. Es casi, casi, una sentencia que algún día se ejecutará.

Es cómplice “traviesa” del tiempo e irónicamente justa e injusta cuando hace uso de él. Lo mismo “carga” al experimentado y sano veterano, que con el vulnerable y deseado recién nacido. Con alguien en plenitud, con el visionario, con el planificador.

Temerle a la muerte es normal. No hacerlo es contra-natura. Más allá de criterios materialistas y extremistas, el cuerpo y el alma unificados son lo único que auténticamente tiene el individuo en el considerado “nuestro mundo”.

Amén de un misterio, equiparable solo al de la vida, la muerte representa el fin del paso terrenal de todo ser humano. Un episodio mayúsculo y paradójico de la existencia que inobjetablemente deja tras de sí secuelas, en las más de las veces, dolor.

El fenómeno adopta otro matiz, si se le combina con la fe. El convencimiento de “pasar a mejor vida” y de tener acceso al Ser Supremo dota de la fuerza y esperanza necesarias para afrontar tan difícil transe.

Nadie será culpable sin embargo, por que la psique se afecte al conocer de la presencia de la muerte en algún tiempo y espacio determinados.

El quehacer terrenal vuelve aquí a tornarse importante. Dependerá de él, el grado del daño sufrido.

Y es que si bien se insiste en que entender la muerte será siempre pretencioso, prepararse para ella es posible, en tanto que está asociada al ego por aquello del instinto de conservación o sobrevivencia, pero también a la necesidad de pertenencia.

Con todo esto tendríamos que la muerte termina por recordar a muchos, que lo que en verdad tiene valor para la raza humana es la obra y el proceder que aquí se haya realizado-adoptado, en su relación con sus semejantes, pero más con su ser “querido”, su ser familiar.

Ahora mismo es conveniente saber quién lloraría la partida de cada quien, quiénes la sentirían, quién la sufriría y hasta a quien se quisiera no “abandonar”. Con ellos es el compromiso, a ellos debe hacerse vivir. La meta es ser feliz, vivir en plenitud. Hacer realidad la máxima aquella de “morí por vivir y no viví para morir”.

Esperanza

Posted on 20:06 by Hugo Triano Gomez | 0 comentarios


Flor de Líz Pérez Morales.




Esperanza. Ese es justamente el nombre más adecuado para referirse a lo ocurrido con los mineros de Chile. Es el sentimiento que por muchos días llenó Latinoamérica con los 33 obreros "metidos" a más de 600 metros de profundidad bajo tierra y que ahora no sólo rinden tributo a la vida, sino también recuerdan las situaciones que sobrellevan muchos trabajadores de este continente americano.

No son desconocidas las condiciones laborales de los mineros en cualquier parte del mundo; una de las críticas más reveladoras ha sido la del escritor francés Émile Zola en la novela Germinal, la historia que retrata de forma realista es la vida de los mineros franceses en el siglo XIX. En la propia historia de México, el movimiento revolucionario inició con la huelga de los obreros de Cananea y Rio Blanco, pero especialmente lo vivido en Chile posibilita el recordatorio de la tragedia de los mineros de Pasta de Conchos Coahuila, donde se estimó que 69 trabajadores perdieron la vida. Las comparaciones no pueden evitarse, más aún cuando en la óptica social las desventuras inician desde la negligencia.

En este sentido son varios los asuntos colaterales que emergen de la situación de los mineros chilenos.

Evidentemente no puede soslayarse el tema de lo mediático. El apoyo de los recursos tecnológicos para allanar el camino de la supervivencia es incuestionable; sin duda la comunicación sirvió como un enlace que dio frutos hasta los últimos minutos para lograr no sólo el rescate sino para sensibilizar a las comunidades mundiales de las condiciones labores de estos trabajadores. Sin embargo, de manera inherente la respuesta mediática ha traído consigo la enorme popularidad que ha convertido a hombres ordinarios en “héroes vivientes” que hoy ya se alistan para ser emulados en distintas formas; desde los dramas cinematográficos hasta la propaganda política, misma que ha puesto al presidente Chileno Sebastián Piñera en un lugar protagónico.

Sin embargo uno de los relieves más significativo emerge en la toma de decisiones que conduzcan e incidan en las políticas públicas de cualquier país. En este sentido la respuesta más clara la han planteado ya los propios mineros al lograr enunciar en la contundencia de sus discursos, el rumbo a tomar para muchos trabajadores.

Por supuesto que se distingue entre todos ellos la personalidad del minero sindicalista Mario Sepúlveda, que además de mostrar su conmovedora alegría, también se identificó por las declaraciones vertidas en relación a lo sucedido. "Nadie debe olvidar que esta experiencia debe servir para que los dirigentes de nuestro país cambien las relaciones laborales" dijo el hombre que sustrajo de la tierra la alegría, los pedazos de piedra para regalar y la convicción de sus ideales que se ganan y fortalecen en las largas jornadas del trabajo, pero que también lo hicieron padecer durante 69 días a él y a 32 compañeros más.

Frente a lo anterior vale la pena considerar la axiología provocada durante el drama, lo que puso de manifiesto eso que aún nos hace humanos frente a las adversidades. La esperanza de vida logró que muchos pueblos se solidarizan y que se buscaran respuestas que hoy convierten la experiencia en respuestas de trabajo inteligentes, consecuentes, consensuadas y respetuosas, pero sobre todo llenas de ilusiones.

Es verdad, lo sucedido en Chile plantea muchos asuntos a tratar; de conciliaciones y reconciliaciones con la esperanza, con la idea de amparo en un mejor mundo, fraterno, solidario y justo, pero particularmente de creencia en la inteligencia del hombre.


México creo en tí.

Posted on 6:57 by Hugo Triano Gomez | 0 comentarios

Creer es un acto de fé, de humildad, pero también de convicción, de decisión.

Hoy, en uno de los llamados días grandes de la patria Mexicana, M.O comparte con usted el profundo sentir del yucateco Ricardo López Méndez, que ha trascendido las fronteras del espacio y del tiempo, haciendo vibrar a generaciones de connacionales. Con la idea de retomar principios y sentires hoy extraviados; con la esperanza paralela, de que algún día México sea en verdad -como se ha querido siempre- una patria ordenada y justa, que no solo haga alarde de su unión y libertades, si no que las goce. Una que le de el lugar que merece a cada quien por sus virtudes, cual sentimientos de la Nación y reconozca las consumaciones al mismo tiempo que el inicio de sus más importantes acontecimientos.





I
México, creo en ti
como en el vértice de un juramento.
Tú hueles a tragedia, tierra mía,
y sin embargo ríes demasiado,
acaso porque sabes que la risa
es la envoltura de un dolor callado.
II
México, creo en ti,
sin que te represente en una forma
porque te llevo dentro, sin que sepa
lo que tú eres en mí; pero presiento
que mucho te pareces a mi alma,
que sé que existe, pero no la veo.
III
México, creo en ti,
en el vuelo sutil de tus canciones
que nacen porque sí, en la plegaria
que yo aprendí para llamarte Patria:
algo que es mío en mí como tu sombra,
que se tiende con vida sobre el mapa.
IV
México, creo en ti,
en forma tal que tienes de mi amada
la promesa y el beso que son míos,
sin que sepa por qué se me entregaron:
no sé si por ser bueno o por ser malo,
o porque del perdón nazca el milagro.
V
México, creo en ti
sin preocuparme el oro de tu entraña:
es bastante la vida de tu barro
que refresca lo claro de las aguas,
en el jarro que llora por los poros
la opresión de la carne de tu raza.
VI
México, creo en ti,
porque creyendo te me vuelves ansia
y castidad y celo y esperanza.
Si yo conozco el cielo, es por tu cielo,
si conozco el dolor, es por tus lágrimas
que están en mí aprendiendo a ser lloradas.
VII
México, creo en ti,
en tus cosechas de milagrerías
que sólo son deseo en las palabras.
Te consagras de auroras que te cantan
¡y todo el bosque se te vuelve carne!,
¡y todo el hombre se te vuelve selva!
VIII
México, creo en ti,
porque nací de ti, como la flama
es compendio del fuego y de la brasa;
porque me puse a meditar que existes
en el sueño y materia que me forman
y en el delirio de escalar montañas.
IX
México, creo en ti,
porque escribes tu nombre con la equis,
que algo tiene de cruz y de calvario;
porque el águila brava de tu escudo
se divierte jugando a los volados
con la vida y, a veces, con la muerte.
X
México, creo en ti,
como creo en los clavos que te sangran,
en las espinas que hay en tu corona,
y en el mar que te aprieta la cintura
para que tomes en la forma humana
hechura de sirena en las espumas.
XI
México, creo en ti,
porque si no creyera que eres mío
el propio corazón me lo gritara,
y te arrebataría con mis brazos
a todo intento de volverte ajeno
¡sintiendo que a mí mismo me salvaba!
XII
México, creo en ti,
porque eres el alto de mi marcha
y el punto de partida de mi impulso.
¡Mi credo, Patria, tiene que ser tuyo,
como la voz que salva y como el ancla...!

Ricardo López Méndez
Ciudad de México, 1940.