De las posibilidades del conflicto policial.

Posted on 11:42 by Hugo Triano Gomez | 0 comentarios

Hugo Triano Gómez. 




Próximo a cumplir una semana "vigente", el paro de policías en Tabasco es uno de esos asuntos que muchos ven, todos padecen, pero pocos pueden resolver.
¿Cómo hacerlo de la mejor forma sin irse de bruces, sin herir susceptibilidades de más y sin que las famosas instituciones resulten perdedoras?.
Para nadie es secreto que las corporaciones policiacas en México son mal pagadas, ya no se diga en Tabasco; que los dineros que muchas veces van etiquetados para el bienestar de la corporación se "pierden" sin remedio y sin sanción de por medio en el camino; que muchas veces se prometen cosas y no se cumplen, que ni siquiera poseen una garantía por su labor y en ocasiones ni portan un atuendo adecuado e indispensable.
Ello fue así porque tradicionalmente quien a la gendarmería se dedicaba era gente que no tenía mayores medios para prepararse ante la vida y sí, quizás se conformaba con poco. Tan se conformaban que la manipulación de la policía por parte del gobernante en turno, se hizo toda una política pública.
Es cuestión de recordar aquí que la convicción nunca ha sido equivalente a la necesidad, de tal forma que las deficiencias en el servicio aparecieron y se mantuvieron vigentes. Ahora que la exigencia en la materia es mayúscula, que paradójicamente la disciplina se relajó y que por ello comenzaron a tornarse inevitables los ajustes, aparecieron las inconformidades.
Cuestionar en ese sentido la decisión de los superiores respecto a los horarios que las guardias tienen que cubrir, luce fuera de lugar, muy a pesar de que no tiene vuelta de hoja el incumplimiento del gobierno ante lo ofrecido, y que de haberlo otorgado habría extinguido desde la segunda vez el principal pretexto para detonar el conflicto.
¿En qué momento se centró el conflicto en la petición de hacer rodar la cabeza del Secretario de Seguridad Pública Audomaro Martínez?¿Es en efecto su cese, la única posibilidad de destrabar el conflicto? La realidad es que no lo parece, y que todo aconteció cuando el asunto se tornó en uno de filias y fobias, cuando la política se involucró.
Los paristas deben entender por ello que el gobierno Nuñista no va a ponerles en bandeja de plata la cabeza del general, como tampoco puso la de Rodolfo Lara en el conflicto con la alianza magisterial del año anterior. La razón es simple y añeja, no puede enviarse un mensaje de debilidad que le abra la puerta a otros escenarios y actores que permanecen al acecho de una señal de flaqueza o extrema prudencia, para asestar el zarpazo llamado inestabilidad.
A estas alturas es claro que ciertos grupos al interior no están de acuerdo con la gestión de Audomaro Martínez en Seguridad pública, empero nadie dijo que el general iría allá a complacer a la corporación, a ser íntimo amigo de ellos, a "apapachar" a quienes han hecho de la protección su manera de ganarse la vida.
La intervención de los actores políticos por obviedad es obligada para comentar, más si se pone en la mesa el recule de los diputados Francisco Castillo y Roger Arias que pese a prometerlo, finalmente no solicitaron ante el pleno del congreso local el cese del general. ¿Qué fue lo que sucedió allí? ¿Admitieron la falta de seriedad de su "gestión" o que carecen de elementos para el planteamiento o simplemente apareció algún otro factor inesperado? Lo que queda claro es que si los elementos abundaran, sería obligado proceder por las distintas vías contra el general que dicho sea de paso, como cualquier secretario, servidor o trabajador, no puede ser renunciado "porque sí", por "dichos y oídas".
¿Que el secretario de seguridad ostenta un muy bien remunerado sueldo? ¿Que no desquita sus ingresos? ¿Que los elementos de a pie son los que arriesgan la vida? Todo tiene algo de razón. Solo que ello sucedió con la venia de los diputados que como el aludido Castillo, ahora critica el recorte a las dependencias relacionadas pero a finales de 2013 avaló el presupuesto para este año enviado por el ejecutivo. 
 Como sea, nadie niega que lo urgente sea retomar el control de la situación. ¿A costa de qué es la interrogante?. Los policías tienen la ventaja de que el gobernador Núñez no debe ni puede contradecirse en este caso enfrentando por la fuerza a los disidentes, con todo y que "someramente" lo sugiera el ex gobernador Roberto Madrazo, vasto conocedor de estas cosas. Con todo y que aún en la distancia el sucesor de aquél, Manuel Andrade, desee terminar el asunto como si fueran sus tiempos, con el "garrote con el cliente".
¿A que le apostará el gobierno de Arturo Núñez? Quizás a esperar nuevas ministraciones de recursos y a la firma de nuevos compromisos, incluida una amnistía para los paristas, no más. Después de todo el gobierno federal luce de su parte y ni la petición a éste de los policías para que intervenga a fin de destrabar el asunto parece de gran calado, con posibilidades de aterrizar. 
Si los inconformes logran los beneficios que buscan aún no teniendo la cabeza de Audomaro Martínez podrían afirmar que por fin se "hizo justicia"; podrían declararse ganadores del conflicto. El gobierno a su vez no perdería, solo cumpliría su obligación…su "compromiso".
La raja, cuyo ganador aún estaría por determinarse, la obtendría quien se beneficie en el acercamiento y colaboración entre el presidente Peña y el gobernador Núñez, una que quizás no solo comprometa a las administraciones sino que aleje en los hechos a la de Tabasco de quien innegablemente la hizo realidad; del mismo que ahora le pide combata legalmente al gobierno federal para exigir un mejor trato al estado; a ese que -ahora- por conveniencia y apoyos militares el gobierno tabasqueño sigue dejando solo pese a que le prometió respaldarlo. Sí.. a Andrés Manuel López Obrador.

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