Relevo en Tabasco: La herradura...del fiscal.

Posted on 21:14 by Hugo Triano Gomez | 0 comentarios


Hugo Triano Gómez.
 
 
Con todo y lo que se diga, Tabasco inauguró hace unas horas una nueva etapa en la siempre compleja y mal afamada tarea de fiscalizar los recursos públicos. Empero, el nombramiento de José del Carmen López Carrera como nuevo fiscal superior del estado, sitúa al OSFE en una dirección ya conocida, con muchos retos por delante y los mismos riesgos de siempre.
Y es que no solo se trata del inicio de la era post Rullán, el hasta hace poco todo poderoso e intocable fiscal que fraguó su poder en su cercana relación con el titular del poder ejecutivo en turno, sino de la época en la que efectivamente el OSFE podría significarse como un serio y necesario contrapeso a los excesos del poder.
El problema de la "nueva era" es que se llega a ella con las mismas estructuras y con las mismas reglas escritas y no escritas del ejercicio político.
Ingenuo habría que ser entonces para no entender y aceptar que López Carrera muy a pesar de sus capacidades llegó al cargo gracias a la venia del nuevo gobierno. Para imaginar que el gobierno aceptaría el riesgo de no tener en tan importante posición a alguien de sus confianzas, que pondría en manos "susceptibles de perdición" la revisión de los números de las cuentas de la llamada administración del cambio. 
Es cierto que por poco y no se logran mantener las formas, que por poco los diputados "no convencidos" de la línea del gobierno estatal dan al traste con el procedimiento que hubiera dado de qué hablar ante la mayoría que representan las izquierdas en el congreso y habría puesto en entredicho su afinidad hacia el residente de la quinta grijalva. Hoy todo es ya simple anécdota. Forma, no fondo.
El fondo del asunto es sí que a nadie conviene que en la fiscalización se mantenga y se privilegie la incondicionalidad. No cuando se padece aún por el atolladero heredado por la gestión Granier en la  que a juzgar por lo no descubierto, la "revisión de cuentas" fue mero formalismo y más un trabajo de encubrimiento. Sin duda que en nada conviene mantener esa tónica partiendo del idealismo, de la idea de que un incondicional a cargo de las auditorias estará más cerca de la corrupción, de la impunidad, alejado de la prevención y de sugerir el adecuado manejo de los dineros de los contribuyentes.
La confianza otorgada al nuevo fiscal debe alcanzar por lo menos para mostrar a la opinión pública, un fiscal de hierro que no sería más que la antítesis de Francisco Rullán. Uno que no deje pasar nada a nadie, que los más mínimos errores se señalen, se resarzan y sirvan para sentar precedentes. Que deje de lado la conveniencia política-electoral, que busque en los hechos rescatar la dignidad de un órgano desprestigiado y deshacerse de la opacidad que le ha acompañado todos estos años. Que tenga la alta mira de por lo menos equipararse en funcionamiento a la Auditoría Superior de la Federación que -aunque no ha pasado mucho gracias al poder presidencial- ha cumplido su encomienda destapando auténticas cloacas nacionales.
De nuevo en el terreno de lo ideal, es de desearse que en Tabasco el gobernador Núñez no le ate las manos a su "conocido de años". Después de todo él ha sido el primero en subrayar que el trabajo de la fiscalización es ante todo una cuestión de y para la gente honesta y deshonesta… De gente con ética y sin ética habría que agregar.
El riesgo mayúsculo al que el fiscal López Carrera habrá de enfrentarse parte como casi siempre del control que pueda ejercer sobre sus propios demonios, del manejo de sus principios, de la fama que quiera mantener, del nombre que quiera heredar. Situado como el referido Rullán en una auténtica posición de poder, López Carrera debe evitar ser usado como factor de presión hacia los incómodos al nuevo régimen, debe favorecer la creación del órgano colegiado que se trazó hace apenas unos meses pensando en una mejor revisión de las entidades públicas, ampliar las muestras de revisión hacia dependencias consideradas intocables, no impedir que el fiscal especial que se supone debe vigilarlo a él, cumpla a cabalidad sus funciones y si pudiera desligarse de su nombramiento -mediante reformas legislativas- mejor. En otras palabras, buscar por todos los medios hacer válida al interior del OSFE la autonomía presumida al exterior, algo que catapultaría a su titular y a los involucrados a escenas no vistas antes en Tabasco, justificando sin mayores problemas el millonario presupuesto que ejercerá y haciendo realidad “algo del discurso del cambio”.
Si nada de esto sucede, aún con la llegada del sucesor de Francisco Rullán se habrá desperdiciado una coyuntura. Se habrá presenciado solo un cambio de personas en un puesto relevante. . . y nada más.

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