La Universidad imaginada.

Posted on 7:39 by Hugo Triano Gomez | 0 comentarios

 
Flor de Líz Pérez Morales.


La disertación presentada en el Primer Informe de Actividades del Rector de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT), José Manuel Piña Gutiérrez dio cuenta de un año de trabajo. En el discurso se dejó en claro que de acuerdo a los datos presentados la institución se encamina a cumplir en forma con los procesos deseables, exigidos por una diversidad de organismos que trazan y determinan los rumbos de las instituciones de educación superior en el país y en el mundo.
En el marco de una explicación más detallada que otros informes, la UJAT mostró sus avances, lo que de forma significativa evidenció con claridad dos acciones principales que muestran su propia relevancia; por un lado, el trabajo realizado por los investigadores de la universidad, y por el otro, el desarrollo en la infraestructura educativa.
Sin embargo, lo que difícilmente se ha podido mostrar en un informe es rendir cuenta de cuál es el trabajo esencial que se hace de fondo en la tarea de formar sujetos sociales que llevaran la investidura de una profesión, más cuando estos profesionistas tendrán la labor de incidir en el desarrollo de una entidad que ahora mismo se encuentra en el paroxismo de las discusiones sociales y políticas, y que por ende demanda más que nunca la necesidad de tener y dejar en claro hacia dónde vamos con nuestros estudiantes universitarios.
Es en este marco donde un informe universitario expiaría su esencia social, quehacer que en la construcción de la formación técnica conlleva su responsabilidad humanista.
Ningún rubro de lo informado despejó la noción de una universidad que se conciba en su agudeza crítica, por tanto, que se asimila en la propia autocrítica, de ahí que sea capaz de innovar y renovarse a sí misma. En ese ámbito no se dijo nada.
En esta última tesitura es quizás donde pudieron entrar las preocupaciones del Gobernador de Tabasco, Arturo Núñez Jiménez, y que en la oportunidad que le brindó el Consejo Universitario, para la clausura del informe, éste de forma sugerente delineó lo que mucho estudiosos han reflexionado en torno a la universidad, en ese papel primario que debe tomar y tener la academia para presidir acciones con el conocimiento llevando de la mano de los valores humanos.
Vale la pena entonces, en este sentido, acotar y analizar en relación a una frase que ilustra en mucho lo que los universitarios escucharon de Núñez Jiménez: “…no es problema del gasto, es muchos más que una rendición de cuentas; es una cuestión de ética y del mundo que le heredemos a los jóvenes”. Sobre su propia reflexión buscó el amparo de la historia y la filosofía para explicar y definir lo que se aspiraría de los universitarios; con particular precisión el asunto lo inscribió en un proyecto social que abone al impulso de “la cultura democrática” con especial énfasis en eso que establece un claro vínculo en el “Tú y Yo”.
Es en esta última frase donde el asunto se torna complejo. ¿Está preparada la UJAT para responder en estos terrenos, cuando no hemos escuchado nada que nos diga algo al respecto? Cómo hacerlo cuando nuestras preocupaciones académicas han estado orientadas en los últimos años a capacitar para el desarrollo de una ciencia ausente de su valor humano. Tenemos un modelo educativo que enuncia las habilidades técnicas, pero no denuncia en la realidad su compromiso social.
¿Dónde está el proyecto docente que informe sobre cómo estamos en esa tarea? ¿Cuáles son las acciones tomadas para apuntalar una institución sobre esa naturaleza? Es cierto, los números notifican avance, pero eso no necesariamente connota los atributos humanistas. No tenemos un proyecto que dialogue entre el Tú y el Yo. No se trata sólo de impartir asignaturas donde los estudiantes difícilmente hacen suya una filosofía de vida, porque la propia docencia no les embona, es decir, el mundo académico y el mundo social nunca se asocia a su vida cotidiana.
Sobre esa mirada entenderíamos que un proyecto social universitario, como el reflexionado por el Gobernador, apunta una responsabilidad de gran envergadura; eso que muchos estudiosos de las sociedades actuales discuten al querer comprender lo que los tiempos actuales exigen de la universidad en un papel más activo, como mediadora social, como formadora para la ciudadanización, pero ante todo como impulsora de una educación que alimente fructíferamente la verdadera participación social.
Se trata, tal vez, de accionar sobre un papel rector de la universidad frente a la debacle de las instituciones políticas, lo que se asumiría en la dirección de la ética para los ciudadanos desde la universidad. Ahí donde los otros están fallando, la universidad tendría que empezar a construir y a renovarse sobre una ciencia y conciencia para la humanidad que nos lleve a una mejor convivencia. En otros términos, plantear una nueva forma de gobernar para la comunidad.
Nada fácil el papel que delinea el gobernador para nuestra universidad: enmendar y encaminar a la UJAT en los rumbos de la formación para la gobernanza del ciudadano tabasqueño. A tientas parece una verdadera provocación para comprender sobre lo que de verdad implica el concepto de gobernanza desde la educación... un reto que ya muchos habían olvidado.
Nada fácil el papel que delinea el gobernador para nuestra universidad: enmendar y encaminar a la UJAT en los rumbos de la formación para la gobernanza del ciudadano tabasqueño. A tientas parece una verdadera provocación para comprender sobre lo que de verdad implica el concepto de gobernanza desde la educación... un reto que ya muchos habían olvidado.

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