Relevo en Tabasco: Detalles de una unción.

Posted on 10:09 by Hugo Triano Gomez | 0 comentarios

 Hugo Triano Gómez. 


No fue perfecto, tuvo sus pequeños detalles. Seguramente la emoción del acontecimiento invadió en esos instantes la escena y también –debe aceptarse- hubo errores en la construcción del discurso. No obstante el primer mensaje de Arturo Núñez Jiménez como gobernador constitucional de un estado hasta entonces gobernado siempre por el PRI, no solo estuvo a la altura de lo que muchos esperaban sino que elevó, aún más, la expectativa sobre la administración que encabeza desde el primer minuto de 2013.
Desde el inicio fue notable la diferencia de personalidades entre el "jefe" que literalmente se fue y el que llega, al momento de "llenar el vacío" con palabras.
Incapaz aquél de emocionar con el don del habla -de la que muchas veces fue víctima- éste hizo gala de temple y fue enfático en los momentos en que debió serlo, en los que la gente esperaba, ni más ni menos.
Frío ha de haber sudado más de uno, cuando la promesa de "cárcel a los que le robaron al Estado" retumbó en la sede oficial. Cierto es que la del lunes, fue la primera vez en toda esta transición, que se habla de ella como destino a quienes tendrán que demostrar ahora que no abusaron de la confianza popular y de sus cotos de poder.
Y es que las citas Nuñistas de zona de desastre, de un estado que requiere cirugía mayor y que sufrió por la negligencia, el desorden financiero y hasta de complicidades, parecen dar un claro panorama de lo que el nuevo gobierno piensa del que le antecedió. Quizás por ello Núñez subrayó que no encubrirá a nadie y que no vivirá lamentándose de la situación en que recibe el Estado. Y hará bien.
Hará bien por que lo imperativo ante un diagnóstico tan contundente, es encuadrar todo en el ámbito de lo legal, para si es posible obligar hasta el resarcimiento de los daños. No bastan ya a estas alturas -y teniendo el sartén por el mango- simples exhibiciones públicas que a lo mucho redundarán en nuevas y trágicas anécdotas, amén de dolorosas mordidas de lengua.
Es cierto también que pese a la "dureza" del primer discurso Nuñista, existió en él un cuidado de las formas. Lo hubo porque no se esbozó ni una palabra a la ausencia -premeditada- del ejecutivo saliente Andrés Granier, que prefirió en su sensatez pervertida, desaparecer por la puerta de atrás, como los pillos.
Por si alguien tenía dudas, el primer discurso Nuñista también sirvió para mostrar por primera vez a los tabasqueños, los saldos de las cuentas bancarias del Estado de Tabasco. Cero pesos tras un manejo de más de 200 mil millones y pasivos oficiales -hasta ahora- por 10 mil 135 millones 200 mil pesos, el resultante.
Como pocas veces en los últimos años, un gobierno parece tener el diagnóstico certero de la catástrofe tabasqueña. Núñez lo exhibió ante sus invitados nacionales, no le importó el costo. . e hizo -de nuevo- bien. En otro contexto político, sin duda, la realidad habría sido ocultada por contubernio, temor al que dirán y a buscar cuidar la "estima hipócrita" para el supuesto buen administrador.
Empero con la realidad superando a los tabasqueños, de noche pasó una de las prioridades anunciadas por el Gobernador Núñez. Buscar incrementar los ingresos propios como dijo, significa sin vaciles un nuevo o nuevos mecanismos de recaudación. Retrasa -si no es que extingue- la posibilidad de al corto plazo desaparecer el impuesto estatal vehicular que muchos desean, entre otras cosas.
En efecto las decisiones suenan menos duras cuando también se habla de reorientar el gasto a la inversión pública, de un nuevo decreto de austeridad y de no permitir, ni alentar la impunidad desde el interior de la administración. A la espera de pasar de los dichos a los hechos, desencanta y alerta el lapsus linguae que más valdrá corregir que lamentar. El dicho Nuñista de que bonos como el de fatiga que se dieron cuando el Granierismo deben "reducirse", seguramente encaja en los "detalles" de la unción. Deseable es que haya querido decir no pagar más, extinguirlos. Por eso se insiste. . . más valdrá corregir, que lamentar.

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